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Qué es la alimentación según la OMS

por Fatima Denis

¿Qué es la alimentación según la OMS? Guía completa de una dieta saludable

En 2024, cerca de 2,600 millones de personas en el mundo no pudieron costear una alimentación saludable (UNICEF/FAO/OMS, 2025). Comer bien no es solo cuestión de voluntad: es un desafío de acceso, información y entorno. La Organización Mundial de la Salud (OMS) lleva décadas definiendo qué significa alimentarse correctamente y por qué es la intervención de salud pública más rentable que existe. Esta guía recorre cada una de sus recomendaciones, actualizadas con la evidencia más reciente, y las aterriza en el contexto mexicano para que puedas aplicarlas desde hoy.

Ideas clave de esta guía

  • Una alimentación saludable según la OMS se basa en cuatro principios: adecuación, equilibrio, moderación y diversidad (OMS, 2026).
  • El consumo mundial promedio de sodio es de 4,278 mg al día, más del doble del máximo de 2,000 mg que recomienda la OMS (OMS, 2026).
  • Más de la mitad de los niños y niñas menores de cinco años y dos tercios de las mujeres en edad reproductiva tienen deficiencia de al menos un micronutriente esencial (The Lancet Global Health, 2022).
  • México enfrenta una crisis doble: 35.7% de las mujeres adultas y 27% de los hombres viven con obesidad, mientras la diabetes afecta al 12.7% de las mujeres y al 11.9% de los hombres adultos (Global Nutrition Report, 2023).
  • Seguir las guías de la OMS podría prevenir millones de defunciones prematuras por enfermedades cardiovasculares, diabetes y ciertos tipos de cáncer.

Datos y cifras: ¿Qué tan grave es el problema de la mala alimentación en el mundo?

Las dietas poco saludables son uno de los principales factores de riesgo de enfermedad y discapacidad a nivel global. Cada año, aproximadamente 1.7 millones de muertes están asociadas con el consumo excesivo de sodio (OMS, 2026). Para dimensionar la magnitud del problema, basta con mirar las cifras más recientes de la propia OMS.

En 2022, 2,500 millones de adultos tenían sobrepeso y, de ellos, 890 millones vivían con obesidad (OMS, 2025). La obesidad adulta se ha más que duplicado desde 1990. En el mismo año, 43% de los adultos del planeta tenían sobrepeso. Entre los niños y adolescentes de 5 a 19 años, la prevalencia de sobrepeso pasó de 8% en 1990 a 20% en 2022 (OMS, 2025).

El impacto económico también es alarmante. Si no se actúa, los costos globales del sobrepeso y la obesidad alcanzarán los 3 billones de dólares anuales para 2030 y superarán los 18 billones para 2060 (World Obesity Federation, 2022).

En 2021, un índice de masa corporal por encima del nivel óptimo causó 3.7 millones de muertes por enfermedades no transmisibles (ENT) como las cardiovasculares, la diabetes y el cáncer (The Lancet, 2024). La buena noticia es que la mayoría de estas muertes son prevenibles con cambios en la alimentación.

México no es ajeno a esta realidad. El país ocupa los primeros lugares en obesidad adulta a nivel mundial. Según la ENSANUT, 75.2% de los adultos mexicanos y 35.6% de los niños y adolescentes viven con sobrepeso u obesidad. La diabetes, directamente vinculada con los hábitos alimentarios, afecta aproximadamente al 12.6% de la población adulta (ENSANUT, 2022). Estas cifras explican por qué las directrices de la OMS son especialmente relevantes para el contexto mexicano.


Panorama general: ¿Qué es una alimentación saludable para la OMS?

La OMS define una alimentación saludable como aquella que protege contra la malnutrición en todas sus formas (desnutrición, deficiencias de micronutrientes, sobrepeso y obesidad) y contra las enfermedades no transmisibles, incluidas la diabetes, las cardiopatías, los accidentes cerebrovasculares y el cáncer (OMS, 2026). Esta definición va mucho más allá de contar calorías: habla de un patrón alimentario integral que acompaña a la persona a lo largo de toda su vida.

Cuatro principios esenciales sostienen cualquier alimentación saludable, sin importar la cultura, la región o la edad. El primero es la adecuación: cubrir, sin exceder, las necesidades de micronutrientes y macronutrientes para prevenir deficiencias. El segundo es el equilibrio: que la energía que entra con los alimentos se corresponda con la que el cuerpo gasta, manteniendo una proporción adecuada entre proteínas, grasas y carbohidratos. El tercero, la moderación: limitar el consumo de nutrientes, ingredientes y alimentos que pueden resultar perjudiciales para la salud cuando se ingieren en exceso. El cuarto, y quizá el más subestimado, es la diversidad: incluir una amplia variedad de alimentos nutritivos dentro y entre los grupos alimentarios (OMS, 2026).

Una alimentación también debe ser inocua, es decir, libre de contaminantes microbianos y químicos, para considerarse saludable. Y debe comenzar temprano: la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida fomenta un crecimiento sano, mejora el desarrollo cognitivo y reduce el riesgo de sobrepeso y ENT en etapas posteriores (OMS, 2026).

Cuando revisamos este marco, queda claro que la alimentación saludable que promueve la OMS no es una dieta de moda ni una lista rígida de alimentos prohibidos. Es un conjunto de principios flexibles que cada persona y cada país pueden adaptar a su cultura y a los alimentos disponibles localmente.


Directrices de la OMS para una alimentación saludable

A lo largo de la última década, la OMS ha publicado más de 15 directrices basadas en evidencia científica sobre la ingesta de nutrientes específicos (OMS, 2026). Estas guías cubren todos los macronutrientes y los componentes dietéticos que más impacto tienen sobre la salud pública.

La recomendación general más importante es simple de enunciar pero difícil de ejecutar en el entorno alimentario actual: la base de cualquier alimentación saludable debe ser una variedad de alimentos mínimamente procesados o no procesados, bajos en grasas no saludables, azúcares libres y sodio. Los alimentos ultraprocesados, que suelen concentrar precisamente esos tres componentes en exceso, están asociados con resultados negativos para la salud (OMS, 2026).

A continuación, desglosamos una a una las directrices para cada grupo de nutrientes y alimentos, con las cifras exactas que la OMS recomienda.


Carbohidratos: ¿Cuántos y de qué tipo recomienda la OMS?

Los carbohidratos son la principal fuente de energía del organismo. La OMS establece que deben representar entre el 45% y el 75% de la energía diaria total y, en una actualización clave publicada en 2023, precisó que la calidad del carbohidrato importa tanto o más que la cantidad (OMS, 2023).

Los carbohidratos de la dieta deben provenir principalmente de cereales integrales, verduras, frutas y legumbres. Ejemplos de cereales integrales son el maíz no procesado, el mijo, la avena, el trigo y el arroz integral. Las legumbres incluyen lentejas, garbanzos, frijoles y chícharos secos (OMS, 2026).

Las frutas y verduras frescas son ideales, pero las congeladas y enlatadas también funcionan, siempre que no tengan azúcares añadidos ni exceso de sodio. Los jugos de fruta, incluso los que no llevan azúcar añadida, contienen cantidades significativas de azúcares libres y deben limitarse.

Las metas diarias concretas según la edad son las siguientes. Toda persona mayor de 10 años debe consumir al menos 400 gramos de frutas y verduras al día. Los niños y niñas de 2 a 5 años necesitan al menos 250 gramos, y los de 6 a 9 años al menos 350 gramos (OMS, 2023).

En cuanto a la fibra dietética natural, la recomendación es de al menos 25 gramos diarios para mayores de 10 años, 15 gramos para niños de 2 a 5 años y 21 gramos para los de 6 a 9 años (OMS, 2026). Esta fibra debe provenir de los alimentos, no de suplementos. En la práctica, un plato mexicano que combine frijoles, nopales, tortilla de maíz y una pieza de fruta ya va bien encaminado.


Azúcares: El límite que pocos cumplen

El consumo de azúcares libres debe limitarse a menos del 10% de la ingesta calórica total diaria, lo que equivale a unos 50 gramos (aproximadamente 12 cucharaditas rasas) para una persona con peso saludable que consume unas 2,000 calorías al día. Reducir ese consumo por debajo del 5% de la energía total (unos 25 gramos o 6 cucharaditas) aporta beneficios adicionales para la salud (OMS, 2026).

¿Qué son exactamente los azúcares libres? La OMS incluye en esta categoría los monosacáridos y disacáridos (sacarosa, fructosa, glucosa) añadidos a alimentos y bebidas por el fabricante, el cocinero o el consumidor, y también los azúcares naturalmente presentes en la miel, los jarabes, los jugos de frutas y los concentrados de jugos de frutas. Los azúcares intrínsecos de las frutas enteras y las verduras no entran en esta restricción (OMS, 2026).

Un punto importante: la OMS recomienda que la reducción del consumo de azúcares libres se logre sin recurrir a edulcorantes no calóricos como el acesulfame K, el aspartame, la sacarina, la sucralosa o la estevia (OMS, 2026). La razón es que estos productos no ayudan a modificar la preferencia por el sabor dulce y, según la evidencia más reciente, no ofrecen beneficios significativos para el control del peso a largo plazo.

Para poner estas cifras en contexto: una lata de refresco de 355 ml contiene alrededor de 35 a 40 gramos de azúcar. Con una sola lata, ya se cubre casi el 80% del límite diario recomendado del 10%, o se supera por completo la meta más estricta del 5%. En México, donde el consumo de bebidas azucaradas es uno de los más altos del mundo, este dato es particularmente relevante. Desde 2014, el país aplica un impuesto de un peso por litro a las bebidas azucaradas como parte de su estrategia para desincentivar su consumo (World Obesity Federation, 2025).


Grasas: No todas son iguales

Para los adultos, limitar la ingesta total de grasas a un máximo del 30% de la energía diaria ayuda a prevenir el aumento de peso no saludable en la población adulta (OMS, 2026). En niños y adolescentes, las necesidades energéticas para el crecimiento y desarrollo justifican ingestas de grasa total ligeramente superiores.

Pero la calidad de la grasa importa más que la cantidad. Las grasas insaturadas, presentes en el pescado, el aguacate, las nueces y los aceites de girasol, soya, canola y oliva, son preferibles a las grasas saturadas, que se encuentran en la carne grasa, la mantequilla, los aceites de palma y coco, la crema, el queso, la mantequilla clarificada (ghee) y la manteca de cerdo (OMS, 2026).

Los límites concretos son los siguientes. Las grasas saturadas no deben superar el 10% de la energía diaria total. Las grasas trans de cualquier tipo, tanto las industriales (presentes en productos horneados, frituras, pizzas congeladas, galletas y pasteles) como las de origen rumiante (provenientes de carne y lácteos de vacas, ovejas y cabras), no deben rebasar el 1% de la energía total. Reducir ambos tipos de grasa por debajo de esos umbrales ofrece beneficios adicionales para la salud cardiovascular (OMS, 2026).

La OMS es enfática en un punto: las grasas trans de producción industrial no forman parte de una alimentación saludable y deben eliminarse. En la práctica cotidiana, esto significa preferir cocciones al vapor o hervidas en lugar de frituras, reemplazar la mantequilla y la manteca por aceites ricos en grasas poliinsaturadas, elegir lácteos reducidos en grasa y carnes magras, y limitar el consumo de productos de panadería y repostería industrial.

México avanzó en 2023 con la prohibición obligatoria de aceites parcialmente hidrogenados y estableció un límite de menos de 2 gramos de grasas trans industriales por cada 100 gramos de grasa total en todos los alimentos (World Obesity Federation, 2025). Aun así, el cumplimiento y la vigilancia siguen siendo un reto.


Proteínas: El equilibrio entre fuente animal y vegetal

Las proteínas suministran los componentes básicos para la estructura del cuerpo, como el tejido muscular, además de moléculas funcionales como las hormonas y las enzimas. Una ingesta proteica del 10% al 15% de la energía diaria total suele ser suficiente para cubrir las necesidades de la mayoría de los adultos, lo que equivale aproximadamente a 50 a 75 gramos de proteína al día para una persona con peso saludable que consume unas 2,000 calorías (OMS, 2026).

Hay situaciones donde una ingesta superior al 15% puede ser apropiada: durante la adolescencia, etapa de crecimiento acelerado, y en personas que desarrollan o mantienen una cantidad significativa de masa muscular, como atletas y fisicoculturistas. Sin embargo, consumir cantidades excesivas de proteína puede imponer una carga metabólica al organismo, en particular a los riñones (OMS, 2026).

Un aspecto central de la guía actualizada de la OMS es el llamado a diversificar las fuentes de proteína. La proteína puede provenir tanto de fuentes animales como vegetales. En varios contextos, migrar hacia fuentes vegetales como legumbres, frutos secos y semillas puede ser preferible para reducir el riesgo de enfermedades no transmisibles en adultos. En otros, sobre todo en niños y mujeres embarazadas o lactantes, el consumo de alimentos de origen animal sigue siendo importante para garantizar la ingesta adecuada de ciertos nutrientes (OMS, 2026).

En el contexto mexicano, las legumbres como el frijol, la lenteja y el garbanzo representan una fuente de proteína vegetal accesible, económica y culturalmente integrada. Las Guías Alimentarias Saludables y Sostenibles para la Población Mexicana 2025-2030 recomiendan explícitamente el consumo diario de frijoles y la reducción de carnes procesadas (Gobierno de México/INSP/UNICEF, 2025). Una combinación de frijoles con tortilla de maíz, por ejemplo, ofrece un perfil de aminoácidos complementario y completo.


Sal, sodio y potasio: El exceso silencioso

El sodio es quizá el nutriente donde la brecha entre lo recomendado y lo que realmente se consume es más grande. La ingesta media mundial de sodio en adultos fue de 4,278 mg al día en 2021, el equivalente a casi 11 gramos de sal, más del doble del máximo que recomienda la OMS: menos de 2,000 mg de sodio al día, equivalentes a menos de 5 gramos de sal, o poco menos de una cucharadita (OMS, 2026).

El principal efecto en salud de una dieta alta en sodio es la elevación de la presión arterial, que a su vez incrementa el riesgo de enfermedades cardiovasculares, cáncer gástrico, obesidad, osteoporosis, enfermedad de Meniere y enfermedad renal. Reducir la ingesta de sodio es una de las intervenciones de salud pública más costo-efectivas que existen: por cada dólar invertido en ampliar las intervenciones de reducción de sodio, se obtiene un retorno de al menos 12 dólares (OMS, 2026).

En paralelo, la OMS recomienda aumentar el consumo de potasio a través de los alimentos hasta al menos 3,510 mg al día en adultos, para reducir la presión arterial y el riesgo de enfermedades cardiovasculares (OMS, 2012). La forma más práctica de lograrlo es consumir frutas y verduras frescas en abundancia.

Un dato revelador: un estudio que analizó datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de México (ENSANUT 2012) encontró que el cumplimiento conjunto de las metas de sodio y potasio de la OMS se estimó en apenas 0.15% de los adultos mexicanos (BMJ Open, 2015). Dicho de otro modo, prácticamente nadie en el país cumple ambas metas a la vez.

La OMS también recomienda, desde 2025, el uso de sustitutos de sal bajos en sodio que contengan potasio, como alternativa a la sal de mesa convencional, para las personas que no tienen riesgo de hipercalemia (niveles elevados de potasio en sangre) (OMS, 2026). Toda la sal que se consuma debe ser yodada, para garantizar la ingesta adecuada de yodo, esencial para el desarrollo cerebral.

En el contexto mexicano, la región de las Américas tiene un consumo medio estimado de 8.5 gramos de sal al día, que es 1.7 veces superior a la recomendación de la OMS (OPS, 2023). Las estrategias para reducir este exceso incluyen el etiquetado frontal de advertencia (que México implementó en 2020), la reformulación de productos procesados y las campañas de comunicación.


Vitaminas y minerales (micronutrientes): La importancia de lo pequeño

Los micronutrientes son vitaminas y minerales esenciales que el cuerpo necesita en cantidades muy pequeñas pero cuya ausencia puede tener consecuencias devastadoras. Existen alrededor de 30 micronutrientes indispensables: 13 vitaminas (como la A, las del complejo B, la C, la D, la E y la K) y unos 16 minerales (como el hierro, el yodo, el zinc y el calcio) (OMS, 2026).

La magnitud global del problema es inmensa. Un análisis de datos de 24 encuestas nacionales representativas, realizado por investigadores de la OMS y publicado en The Lancet Global Health, estimó que más de la mitad de los niños y niñas en edad preescolar y dos tercios de las mujeres no embarazadas en edad reproductiva tenían deficiencia de al menos uno de tres micronutrientes clave (hierro, zinc y vitamina A en niños; hierro, zinc y folato en mujeres) (The Lancet Global Health, 2022).

Las deficiencias de micronutrientes no son exclusivas de países de ingreso bajo. El mismo estudio encontró que el 22% de las mujeres en Estados Unidos y el 21% en el Reino Unido tenían deficiencia de hierro. La deficiencia de zinc afectaba al 14% de las mujeres estadounidenses (The Lancet Global Health, 2022).

Cada deficiencia tiene consecuencias específicas. La falta de hierro causa anemia y afecta el desarrollo cognitivo. La carencia de vitamina A es la principal causa de ceguera prevenible en niños y niñas. La deficiencia de yodo durante el embarazo puede provocar daño cerebral irreversible en el feto. La insuficiencia de folato en mujeres que pueden quedar embarazadas aumenta el riesgo de defectos del tubo neural como la espina bífida (CDC, 2025).

¿Cómo prevenir las deficiencias? La OMS recomienda tres estrategias complementarias. La primera y más importante es fomentar una alimentación variada con alimentos ricos en nutrientes: frutas, verduras, cereales integrales, legumbres, nueces, semillas y fuentes magras de proteína animal. La segunda es promover el consumo regular de alimentos particularmente ricos en micronutrientes: frijoles o carnes magras para el hierro, vegetales de hoja verde oscuro para la vitamina A, y sal yodada para prevenir la deficiencia de yodo. La tercera, en países donde las deficiencias afectan al 20% o más de la población, es la fortificación de alimentos de consumo masivo como harinas, arroz, aceites, sal y azúcar con micronutrientes clave (OMS, 2026).

México cuenta con legislación de fortificación obligatoria de sal con yodo y de harina de trigo con hierro y otras vitaminas. Aun así, la anemia en mujeres en edad reproductiva sigue siendo un problema de salud pública que las autoridades monitorean de cerca (Global Nutrition Report, 2023).


Alimentos: ¿Qué comer y qué evitar según la OMS?

La sección sobre alimentos de la guía de la OMS sintetiza todo lo anterior en recomendaciones prácticas y accionables para el día a día. Una amplia variedad de alimentos, que incluya diversidad de frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y fuentes magras de proteína, es la base de una alimentación saludable. Las dietas diversas, que combinan alimentos dentro y entre los grupos, se asocian con mayor probabilidad de cubrir los requerimientos de vitaminas y minerales y con menor riesgo de ENT (OMS, 2026).

Los alimentos que deben limitarse son aquellos ricos en grasas no saludables, azúcares libres y sodio. La OMS señala específicamente que las dietas con cantidades significativas de alimentos altamente procesados, que suelen concentrar precisamente esos tres componentes, están asociadas con resultados negativos para la salud (OMS, 2026).

Para los primeros dos años de vida, la nutrición óptima es fundamental. La OMS recomienda lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses y lactancia materna continuada hasta los dos años o más, complementada a partir de los seis meses con alimentos adecuados, inocuos y ricos en nutrientes. No se debe añadir sal ni azúcares a los alimentos complementarios. Los bebés y niños pequeños de 6 a 23 meses deben consumir una dieta diversa que incluya alimentos de origen animal como carne, pescado o huevo, además de frutas y verduras, y se debe minimizar el consumo de féculas básicas y evitar por completo los alimentos y bebidas con alto contenido de azúcar, sal y grasas trans (OMS, 2026).

¿Cómo se traduce esto en el plato mexicano de todos los días? Las Guías Alimentarias Saludables y Sostenibles para la Población Mexicana 2025-2030 recomiendan priorizar alimentos frescos de origen local, comer frijoles diario, preferir el maíz nixtamalizado como base de la alimentación, consumir al menos cinco porciones de frutas y verduras variadas, limitar las carnes rojas y procesadas, evitar los productos ultraprocesados y beber agua simple como principal líquido (Gobierno de México/INSP/UNICEF, 2025). Estas guías, publicadas en 2025, armonizan las directrices de la OMS con los alimentos, la cultura y los sistemas de producción mexicanos.


Cómo promover una alimentación saludable

La OMS reconoce que la capacidad de una persona para alimentarse bien no depende exclusivamente de sus decisiones individuales. El entorno alimentario la condiciona profundamente. Por eso, la organización propone un conjunto de estrategias para que los gobiernos y las instituciones promuevan dietas más saludables en sus poblaciones.

La primera estrategia es educar: informar a niños, adolescentes y adultos sobre nutrición y prácticas alimentarias saludables, incluyendo el fomento de habilidades culinarias desde la escuela (OMS, 2026). La segunda es apoyar la información en el punto de venta mediante un etiquetado nutricional preciso, estandarizado y comprensible, alineado con las directrices de la Comisión del Codex Alimentarius. En concreto, la OMS respalda la implementación de etiquetado frontal interpretativo para facilitar la comprensión de los consumidores (OMS, 2026).

Un tercer pilar es ofrecer consejería nutricional y dietética en los centros de atención primaria de salud. El cuarto, y de gran relevancia para los primeros años de vida, es promover prácticas adecuadas de alimentación infantil mediante la implementación del Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna y de políticas que protejan a las madres trabajadoras (OMS, 2026).

México ha avanzado en varios de estos frentes. En 2020 implementó el etiquetado frontal de advertencia (los octágonos negros que señalan “exceso de azúcares”, “exceso de sodio”, “exceso de grasas saturadas”, entre otros), una medida que la OMS considera una de las mejores inversiones para la prevención de ENT. En 2024, el país aprobó la Ley General de Alimentación Adecuada y Sostenible, que establece el derecho humano a una alimentación nutritiva, suficiente, inocua y culturalmente adecuada (World Obesity Federation, 2025).

En marzo de 2025, el gobierno mexicano lanzó la estrategia nacional “Vive Saludable, Vive Feliz”, que prohíbe la venta de comida chatarra y refrescos en las escuelas y promueve la alimentación saludable y la actividad física diaria en el entorno escolar (World Obesity Federation, 2025). Esta medida se alinea directamente con la recomendación de la OMS de proteger a la infancia de entornos que favorecen el consumo de productos ultraprocesados.


Respuesta de la OMS: Cómo se traduce la ciencia en acción

El trabajo de la OMS para mejorar la alimentación y la nutrición a escala global se remonta a la Estrategia Mundial sobre Régimen Alimentario, Actividad Física y Salud, adoptada por la Asamblea Mundial de la Salud en 2004. Desde entonces, la organización ha articulado su respuesta en tres grandes áreas: acción focalizada en metas cuantificables, protección de las personas frente a componentes dietéticos dañinos y prácticas comerciales nocivas, y acción multisectorial coordinada entre sistemas de salud, agricultura, educación y protección social (OMS, 2026).

En 2025, la Asamblea Mundial de la Salud extendió hasta 2030 las metas globales de nutrición materna, infantil y del niño pequeño. Estas metas incluyen: reducir en un 40% el retraso del crecimiento en menores de 5 años, reducir en un 50% la anemia en mujeres en edad reproductiva, reducir en un 30% el bajo peso al nacer, mantener el sobrepeso infantil por debajo del 5%, aumentar la lactancia materna exclusiva al 60%, y reducir y mantener la emaciación infantil por debajo del 5% (OMS, 2025).

La OMS también mantiene la Base de Datos Mundial sobre la Aplicación de Medidas de Alimentación y Nutrición (GIFNA, por sus siglas en inglés), que monitorea más de 3,100 políticas alimentarias y nutricionales en todo el mundo. Esta herramienta permite a los países comparar su progreso e identificar brechas en sus marcos normativos (OMS, 2026).

En el plano de las guías técnicas, la OMS ha publicado directrices sobre la ingesta de carbohidratos (2023), grasas saturadas y trans (2023), sodio (actualizada periódicamente), uso de sustitutos de sal bajos en sodio (2025), edulcorantes no calóricos (2023) y fortificación de alimentos con micronutrientes. Cada una de estas guías sigue un riguroso proceso de revisión sistemática de la evidencia y de consulta pública antes de su publicación.

Para México y los países de las Américas, la Organización Panamericana de la Salud (OPS), oficina regional de la OMS, desempeña un papel clave en la adaptación y aplicación de estas directrices. La OPS ha desarrollado el Modelo de Perfil de Nutrientes, que sirve de base para políticas de etiquetado frontal, regulación de la publicidad dirigida a niños y niñas, y compras públicas de alimentos saludables en toda la región (OPS, 2023).


Preguntas frecuentes

¿Cuál es la diferencia entre la alimentación saludable según la OMS y una dieta comercial?

La alimentación saludable que promueve la OMS no es una dieta restrictiva ni temporal. Se basa en cuatro principios (adecuación, equilibrio, moderación y diversidad) que se mantienen a lo largo de toda la vida y se adaptan a cada cultura y contexto. Las dietas comerciales suelen centrarse en la pérdida rápida de peso, mientras que el enfoque de la OMS busca prevenir enfermedades y promover el bienestar integral de forma sostenida (OMS, 2026).

¿Por qué la OMS recomienda no usar edulcorantes no calóricos?

La OMS desaconseja el uso de edulcorantes como la estevia, el aspartame o la sucralosa para reducir el consumo de azúcares libres porque no ayudan a modificar la preferencia por el sabor dulce a largo plazo y la evidencia disponible no muestra beneficios significativos para el control del peso corporal (OMS, 2026).

¿Cuánta sal consumen realmente los mexicanos?

Según estimaciones de la OPS, el consumo medio de sal en las Américas es de 8.5 gramos al día, 1.7 veces más que los 5 gramos recomendados (OPS, 2023). En México, el cumplimiento conjunto de las metas de sodio y potasio de la OMS se estimó en apenas 0.15% de la población adulta (BMJ Open, 2015), lo que evidencia la magnitud del desafío.

¿Qué alimentos ultraprocesados menciona la OMS como especialmente dañinos?

La OMS señala que los productos de panadería y repostería industrial, las frituras empaquetadas, las pizzas congeladas, las galletas y las bebidas azucaradas son ejemplos de alimentos que concentran cantidades excesivas de grasas saturadas, grasas trans, azúcares libres y sodio, y su consumo habitual está asociado con resultados negativos para la salud (OMS, 2026).

¿Es posible seguir las recomendaciones de la OMS con alimentos mexicanos tradicionales?

Sí. Las Guías Alimentarias Saludables y Sostenibles para la Población Mexicana 2025-2030 demuestran que la dieta tradicional mexicana, basada en maíz nixtamalizado, frijoles, verduras como el nopal y la calabaza, frutas de temporada y consumo moderado de proteína animal, es compatible con las directrices de la OMS cuando se minimiza el uso de manteca, sal en exceso y bebidas azucaradas (Gobierno de México/INSP/UNICEF, 2025).


Para cerrar: la alimentación como inversión, no como gasto

Las directrices de la OMS no son una utopía inalcanzable. Son el destilado de décadas de investigación y de millones de datos recopilados en todos los continentes. Cada recomendación que aparece en esta guía (los 400 gramos de frutas y verduras, los 25 gramos de fibra, el límite de 5 gramos de sal, el máximo de 10% de azúcares libres) tiene detrás estudios que asocian su cumplimiento con menos infartos, menos diabetes y vidas más largas y funcionales.

El verdadero desafío no está en entender las recomendaciones, sino en crear las condiciones para que cualquier persona, en cualquier rincón de México, pueda seguirlas. Ahí es donde las políticas públicas, la regulación del entorno alimentario y la información accesible y veraz se convierten en los aliados indispensables.

El primer paso es individual: revisar cómo se compara lo que comes hoy con lo que la OMS sugiere. El segundo es colectivo: exigir que las escuelas, los centros de trabajo y los espacios públicos faciliten la opción saludable. Comer bien es la intervención médica más poderosa que existe, y está al alcance de la conversación, la decisión y la política pública.


Este artículo tiene fines informativos y no sustituye la consulta con un profesional de la salud. Las recomendaciones de la OMS son directrices poblacionales; las necesidades individuales pueden variar según la edad, el estado de salud, el nivel de actividad física y otras condiciones particulares. Consulta a un nutriólogo o médico antes de hacer cambios significativos en tu alimentación.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es la diferencia entre la alimentación saludable según la OMS y una dieta comercial?

La alimentación saludable que promueve la OMS no es una dieta restrictiva ni temporal. Se basa en cuatro principios (adecuación, equilibrio, moderación y diversidad) que se mantienen a lo largo de toda la vida y se adaptan a cada cultura. Las dietas comerciales suelen centrarse en la pérdida rápida de peso, mientras que el enfoque de la OMS busca prevenir enfermedades de forma sostenida.

¿Por qué la OMS recomienda no usar edulcorantes no calóricos?

La OMS desaconseja el uso de edulcorantes como la estevia, el aspartame o la sucralosa para reducir el consumo de azúcares libres porque no ayudan a modificar la preferencia por el sabor dulce a largo plazo y la evidencia disponible no muestra beneficios significativos para el control del peso corporal (OMS, 2026).

¿Cuánta sal consumen realmente los mexicanos?

Según estimaciones de la OPS, el consumo medio de sal en las Américas es de 8.5 gramos al día, 1.7 veces más que los 5 gramos recomendados. En México, el cumplimiento conjunto de las metas de sodio y potasio se estimó en apenas 0.15% de la población adulta (BMJ Open, 2015).

¿Qué alimentos ultraprocesados menciona la OMS como especialmente dañinos?

La OMS señala que los productos de panadería y repostería industrial, las frituras empaquetadas, las pizzas congeladas, las galletas y las bebidas azucaradas concentran grasas saturadas, grasas trans, azúcares libres y sodio en exceso. Su consumo habitual está asociado con resultados negativos para la salud (OMS, 2026).

¿Es posible seguir las recomendaciones de la OMS con alimentos mexicanos tradicionales?

Sí. Las Guías Alimentarias 2025-2030 para México demuestran que la dieta tradicional mexicana, basada en maíz nixtamalizado, frijoles, nopales, frutas de temporada y consumo moderado de proteína animal, es compatible con las directrices de la OMS cuando se minimiza el uso de manteca, sal en exceso y bebidas azucaradas.

Aviso: Este contenido es solo informativo y no sustituye el consejo, diagnóstico o tratamiento de un profesional de la salud. Consulta siempre a tu médico o nutricionista antes de realizar cambios en tu dieta o estilo de vida.
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Fatima Denis

Nutricionista licenciada y creadora de Tips Nutritivos. Apasionada por la alimentación saludable y el bienestar integral.

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